Este es un llamado para los docentes que ya han implementado las etapas anteriores de nuestra metodología: es el turno de proponer.
La educación dinámica es un enfoque pedagógico que moviliza a los estudiantes desde creaciones artísticas hasta proyectos de emprendimiento. En este último artículo de nuestra serie institucional, te mostramos cómo canalizar la curiosidad de tus alumnos para que pasen a la propuesta, transformándose en agentes de cambio real.
El rol del estudiante como diseñador de soluciones
Cuando establecemos una dinámica propositiva en el día a día escolar, el aprendizaje toma rumbos sorprendentes. El aula deja de ser un espacio tradicional y se convierte en un laboratorio o taller de cocreación.
Bajo este modelo de aprender haciendo, los jóvenes asumen roles activos en su proceso educativo.
A continuación, te compartimos estrategias prácticas para fomentar dinámicas propositivas en el aula, basadas en nuestra experiencia con instituciones educativas en Antioquia.
Pasos prácticos para implementar la educación dinámica
Para estructurar clases enfocadas en el proponer, te sugerimos seguir estos tres pilares fundamentales:
1. Priorizar la práctica constante
Buscamos la acción continua para generar mayor fluidez en la apropiación del conocimiento. En esta fase, el enfoque principal es la ejecución y el movimiento a través de actividades aplicadas.
2. Estructurar tareas claras y específicas
Aunque trazar un mapa de ruta es excelente, desglosarlo en tareas puntuales facilita la ejecución. Cuando la complejidad abruma a los estudiantes, volver a pasos sencillos y concretos mantiene el ritmo de trabajo.
3. Mantener un diálogo y retroalimentación continua
A pesar de ser un momento enfocado en la práctica, la observación y el cuestionamiento no se detienen. El aprendizaje se estimula cuando el aula se convierte en un espacio seguro para compartir saberes, corregir errores y construir en colectivo.
Transforma tu aula con metodologías activas
El futuro de la educación es activo, colaborativo y dinámico. Si deseas acceder a más guías pedagógicas y herramientas de innovación educativa para transformar tu práctica docente, síguenos en nuestras redes sociales y comparte esta serie con otros profesores.
En la Fundación Loyola creemos firmemente que la investigación colaborativa es una de las herramientas más poderosas para transformar nuestro territorio y generar un impacto ambiental positivo.
Fieles a esta convención, realizamos la entrega en calidad de donación de cepas cultivadas de Nitrosomonas spp. y Nitrobacter spp., provenientes de nuestro sistema acuapónico Toscana, al Colegio Loyola para la Ciencia y la Innovación (@ie.colegioloyola).
Esta contribución busca fortalecer los procesos de investigación del colegio y potenciar el talento de los jóvenes científicos que lideran el cambio ambiental.
Las cepas entregadas reforzarán de manera directa el proyecto Bio-balancers, una iniciativa liderada por la estudiante Isabel Sophia Posada Restrepo.
Su investigación, titulada «Biosistema en red a base de bacterias Nitrosomonas, Nitrobacter y macroalgas Eichhornia crassipes y Lemna minor en muestras de agua eutrofizada en Antioquia», aborda una problemática crítica en los ecosistemas acuáticos del departamento.
Objetivos del proyecto:
Reducir compuestos nitrogenados: desarrollar un sistema biológico capaz de disminuir la concentración de nutrientes que provocan la eutrofización.
Soluciones basadas en la naturaleza: utilizar microorganismos y macroalgas locales para restaurar la calidad y el equilibrio de los cuerpos de agua.
Fases experimentales y siguientes pasos
Actualmente, el proyecto Bio-balancers se encuentra en sus primeras etapas de experimentación. Como explica la investigadora Isabel Sophia Posada:
«Cultivaremos las bacterias y las macroalgas para empezar a hacer seguimiento y mediciones de variables frente a la reducción de nutrientes nitrogenados en aguas eutrofizadas artificialmente.»
Este seguimiento riguroso permitirá validar la efectividad del biosistema y sentar las bases para aplicaciones ambientales a mayor escala en la región.
Construyendo Soluciones Desde la Educación
La donación de estas cepas representa nuestra apuesta continua por fortalecer la investigación científica, respaldar el talento de nuestros estudiantes y construir, desde la educación, respuestas reales a los desafíos ambientales de Antioquia.
Tradicionalmente, el profesor era quien tenía todas las respuestas y el alumno el que memorizaba. Sin embargo, en un mundo saturado de información e Inteligencia Artificial, el verdadero valor reside en preguntar más que en responder.
Tras aprender a Percibir el entorno (como vimos en nuestraentrega anterior sobre la percepción activa), el siguiente paso fundamental hacia una educación dinámica es sacudir la pasividad del aula a través del cuestionamiento constante.
En esta segunda entrega de la serie, exploraremos cómo transformar las dudas de tus estudiantes en motores de pensamiento crítico en el aula, enseñándoles a preguntar de manera poderosa.
De la respuesta automática a la duda reflexiva
Para pasar de las dudas cotidianas a las grandes preguntas metodológicas, debemos comprender que cada estudiante —sin importar su edad o contexto— explora el conocimiento a su propio ritmo. Por ello, la meta principal del docente es expandir su curiosidad natural.
Si deseas implementar esta práctica en tu aula, te recomendamos seguir estas tres guías esenciales:
Una pregunta siempre lleva a otra: evita las respuestas categóricas o reduccionistas. El clásico «es así porque sí» es la antítesis de una educación dinámica. Busca contraatacar con nuevas interrogantes que lleven la curiosidad de tu grupo al máximo.
Aprende a estructurar las preguntas: el modelado es clave. Si el docente tiene claro cómo formular preguntas complejas y reflexivas, los estudiantes imitarán este comportamiento de manera natural. Prioriza las preguntas abiertas que expandan el debate por encima de aquellas que se responden con un simple «sí» o «no».
El diálogo como puente social: cuando entablamos un diálogo real con nuestros alumnos, no solo expandimos su aprendizaje académico, sino que también descubrimos su manera única de ver el mundo. Preguntar nos humaniza y nos integra en la comunidad.
Consejo rápido: Comienza tus clases planteando un dilema en lugar de un concepto teórico. Verás cómo tus alumnos se transforman de receptores pasivos a investigadores activos de su propio desarrollo.
Estrategias pedagógicas: la mayéutica socrática en la educación actual
Hoy en día, ya no basta con que los estudiantes memoricen datos que están al alcance de un clic. El verdadero reto de las instituciones que apoyamos en la Fundación Loyola es enseñarles a cuestionar su entorno, dudar de lo evidente y buscar respuestas profundas con sentido ético y social.
Esta visión contemporánea conecta directamente con la esencia de la mayéutica socrática (el arte de «dar a luz» el conocimiento a través del diálogo y el interrogatorio guiado).
Al igual que el célebre filósofo griego, quien no imponía verdades absolutas sino que acompañaba a sus discípulos a descubrirlas, la pedagogía que impulsamos en nuestra Fundación busca que el estudiante sea el protagonista de su propio crecimiento intelectual y humano.
Al implementar la pregunta como eje del aprendizaje:
Ayudamos a que los jóvenes desestructuren prejuicios y falsas creencias.
Fomentamos que reconozcan sus propios límites cognitivos (la base de la crítica socrática).
Impulsamos procesos reflexivos para que alumbren ideas propias, críticas y transformadoras.
Un punto de inflexión para la acción social
Ahora que hemos percibido nuestro entorno y nos preguntamos con criterio, llegamos a una encrucijada fundamental: la necesidad de intervenir en la realidad. ¿Es el momento de actuar? Gracias al cuestionamiento previo, ahora contamos con una base crítica y sólida para decidirlo.
Si crees que las pequeñas acciones y la práctica docente hacen la diferencia, es hora de prepararse para el tercer momento de nuestra metodología: Proponer.
¿Cuál ha sido la pregunta más sorprendente, incómoda o retadora que te ha planteado un estudiante en clase? ¡Compártela en los comentarios de abajo y prepárate para la tercera parte de esta serie!
La labor de los educadores siempre ha estado impulsada por el cambio, y hoy, más que nunca, con los acelerados avances tecnológicos, captar la atención de los estudiantes es cada vez más difícil. Por eso, en este espacio te mostramos una manera de conectar con ellos desde el percibir.
En este artículo aprenderás a crear un espacio de conexión con el entorno, ideal para relajar el ambiente y aumentar la participación. Conoce en qué consiste esta estrategia de educación dinámica que aplicamos en la Fundación Loyola. Véase: 5 maneras de potenciar la enseñanza con la metodología ABP
¿Cómo transformar algo que no se ha observado?
En la Fundación Loyola creemos que una verdadera educación dinámica comienza afinando los sentidos para entender el contexto que nos rodea.
Con este texto inauguramos nuestra serie institucional de tres partes: un conjunto de etapas metodológicas llamadas 3P. Hoy te mostraremos por qué ‘Percibir’ es el primer paso indispensable antes de proponer cualquier cambio, proyecto o estrategia de aula.
Desacelerar para aprender: el arte de la observación atenta
En todos los encuentros formativos que lideramos desde la Fundación Loyola, nos tomamos al menos 10 minutos al iniciar, para reconocer nuestro entorno. Puede ser mediante un juego de roles, una lectura o un ejercicio de respiración. Esto lo aplicamos con docentes, estudiantes y en nuestros propios equipos de trabajo.
Dinámicas de percepción en el aula: paso a paso
El círculo de integración: creamos un círculo que integre a todos los participantes (de pie o sentados). Disponernos en el círculo genera una gran expectativa y emoción en los estudiantes.
Relajación corporal: espacio de respiración, estiramiento o dinámicas donde el cuerpo se relaje. Esto ayuda al grupo a encontrarse en el presente.
Conexión mediante el juego: buscamos enfocar toda la atención en el aquí y el ahora. Los juegos interactivos, los cantos y los movimientos corporales, permiten trabajar la coordinación, la atención y la sincronización con el grupo.
Tip para el aula: Implementa estas dinámicas de percepción antes de iniciar tu asignatura, con el fin de incentivar la participación. Esto incentiva la participación inmediata y activa la energía de tus estudiantes desde el primer minuto.
Sea donde sea que estés dictando la clase (en un salón de clases, en un espacio abierto o incluso en entornos virtuales), estas herramientas son sumamente enriquecedoras para consolidar un grupo de aprendizaje conectado.
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El rol del docente en la era digital: ¿Por qué es clave percibir?
Muchas veces se cae en el error de pensar que “ya todo está en internet”. Sin embargo, un buen maestro nunca ha sido el que más sabe, sino el que mejor guía. Desde la llegada de las grandes enciclopedias en las décadas de los 50 y 60, los maestros se convirtieron en transformadores de conocimientos, provocando cambios profundos en sus comunidades.
Esta realidad se expandió con la llegada de internet y los motores de búsqueda. Aun en un mundo saturado de datos, interpretaciones y realidades digitales, el docente sigue siendo el guía indispensable.
Por esto mismo, el espacio para percibir es una actividad insustituible que solo un educador puede facilitar, pues actúa como acompañante y movilizador del aula. Un docente que activa su entorno obtiene el reconocimiento de sus estudiantes y logra observar detalles valiosos que en otros espacios pasarían desapercibidos.
El PERCIBIR: es el momento en el que podemos dar cuenta de los saberes previos de los estudiantes, lo que nos permite trazar una ruta en el proceso de enseñanza- aprendizaje.
Próximo paso: De la percepción a la pregunta
¿Te interesa esta metodología de educación dinámica? Pues aún hay más. Luego de percibir, debemos hacer algo con eso que observamos. Es allí donde empezamos a cuestionar, dudar e imaginar.
Enseñar a percibir es el primer paso para formar ciudadanos conscientes. La siguiente entrega de nuestra serie 3P será: Preguntar.
¡Mantente atento a la parte 2 de esta serie institucional!
Preparas tu clase con esmero, entras al aula y, a los diez minutos, la mitad de tus estudiantes está mirando por la ventana o distraído con el celular. ¿Te suena familiar? Las clases magistrales tradicionales están perdiendo la batalla frente a los constantes estímulos del mundo exterior. Para eso, están las metodologías activas como el ABP.
Como docentes, la frustración de sentir que la teoría ya no conecta con las expectativas de los jóvenes es real. Por eso, la innovación educativa actual nos exige migrar hacia metodologías activas donde los alumnos dejen de ser espectadores pasivos y se conviertan en protagonistas.
¿Cómo conectar con las nuevas generaciones?
TikTok y YouTube son revolucionarios tecnológicos y han generado cambios en la manera en la que los jóvenes consumen información y retienen la atención. Por esto, el rol docente debe transformarse: se hace necesario estar presentes en sus realidades y hacer partícipes a los estudiantes mediante dinámicas pedagógicas interactivas.
La Fundación Loyola te propone 5 claves prácticas para implementar el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y encender de nuevo la chispa del conocimiento en tu aula.
5 claves para llevar el ABP a tu salón de clase
1. Percibe el entorno
En todos los encuentros formativos que lideramos desde la Fundación Loyola, nos tomamos al menos 10 minutos antes de empezar para reconocer nuestro entorno. Puede ser mediante un juego de roles o un ejercicio corto de respiración. Esto lo aplicamos con docentes, estudiantes y en nuestros propios equipos de trabajo.
Tip para el aula: Implementa dinámicas de percepción antes de iniciar tu asignatura. Esto incentiva la participación inmediata y activa la energía de tus estudiantes desde el primer minuto.
2. Identifica un reto real
Luego de conectar con el contexto local, surgirán dudas, problemas o ideas de forma natural. Usualmente, las mejores oportunidades de aprendizaje nacen de lo más simple: «El ventilador del salón no funciona» o «el colegio no cuenta con suficientes espacios verdes».
Cualquier problemática cotidiana es un proyecto potencial. Para embarcarnos en el diseño de proyectos escolares, percibir el entorno y priorizar una necesidad real es el mejor punto de partida.
Tip para el aula: Impulsa a los estudiantes a analizar críticamente su comunidad, su barrio o la misma institución educativa. A través de lluvias de ideas o talleres de diseño, estructuran propuestas sorprendentes.
3. Traza una ruta de investigación
En esta etapa la planeación se vuelve clave. Es momento de investigar a fondo el reto seleccionado y proyectar los alcances del proyecto. arca la ruta metodológica para que los estudiantes adquieran los conceptos teóricos claves mientras buscan las soluciones a este reto.
Desglosa con cuidado las habilidades requeridas. Por ejemplo, en el proyecto de lectoescritura que desarrollamos en la Fundación Loyola junto a diversas instituciones educativas, potenciamos habilidades de escritura creativa, lectura comprensiva, locución y dibujo técnico para lograr producir más de 100 contenidos audiovisuales originales.
Tip para el aula: Plantea metas alcanzables, medibles y motivadoras para que los estudiantes no se frustren y mantengan el interés durante la ejecución de la estrategia pedagógica.
4. Impulsa el desarrollo y el trabajo en equipo
Aunque la investigación inicial puede tener componentes individuales, el desarrollo de la solución solo se logra con éxito en equipo. Aquí, la competencia clave es el trabajo colaborativo. Los grupos aprenden a delegar roles y planificar tareas; dinámicas fundamentales para los futuros ciudadanos del mundo.
Durante esta fase, se pone en marcha el plan de acción movilizando recursos, herramientas y asignando responsabilidades claras según los perfiles de los integrantes.
Tip para el aula: Identifica las fortalezas y las áreas de mejora de tus alumnos. Ayúdalos a integrarse en equipos equilibrados donde cada miembro aporte valor al resultado final.
5. Diseña una muestra pública del producto final
Para cerrar el ciclo del ABP, el proyecto requiere ser socializado. La entrega final no se queda en un escritorio; se expone ante audiencias reales. Esto activa la divulgación comunitaria y le da a los estudiantes un sentido de logro y reconocimiento al ver finalizado su esfuerzo.
Desde la Fundación Loyola hemos presenciado cierres espectaculares, como en la I.E. Escuela Normal Superior de Abejorral, donde nos reunimos con padres de familia, directivos y docentes para visibilizar los resultados reales del proyecto de lectoescritura.
Tip para el aula: Designa una fecha especial para la sustentación pública del proyecto. No tiene que ser perfecto; el simple hecho de compartirlo con la comunidad educativa genera un evento memorable y un reconocimiento de alto valor pedagógico.
El cambio en el aula empieza contigo
Transformar la dinámica de tu salón de clase es un proceso que requiere paciencia, y los resultados de ver a tus estudiantes comprometidos valen cada segundo de esfuerzo.
Migrar hacia el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) no significa que debas tener todas las respuestas resueltas desde el primer día, sino que estás dispuesto a asumir el rol de guía en una aventura de aprendizaje significativo. El cambio en el aula empieza con un primer proyecto sencillo.
¡Queremos escucharte! Déjanos en los comentarios qué temática de tu asignatura te gustaría transformar bajo la metodología ABP y construyamos soluciones educativas juntos.
El pasado 12 de abril de 2026, inauguramos oficialmente una nueva unidad experimental y de investigación de acuaponía en la I.E. Escuela Normal Superior de Abejorral. Con este, ya sumamos 7 proyectos acuapónicos construidos en el departamento de Antioquia, llevando tecnología agrícola y aprendizaje práctico a las comunidades urbanas y rurales.
Cultivar plantas utilizando agua y abono proveniente de los peces parece una idea sacada de un cuento, pero hoy la ciencia la hace realidad y permite transformar la producción agrícola sostenible en entornos académicos (o educativos). Esta iniciativa de acuaponía escolar llega para potenciar los proyectos productivos de la región, la innovación agrícola y el cuidado del medio ambiente integrándose a los proyectos pedagógicos productivos de la I. E. ENSA.
Te invitamos a conocer cómo funciona esta metodología, construida en conjunto por la Fundación Loyola, los estudiantes y los docentes de esta institución educativa de Abejorral.
¿Qué es y cómo funciona un sistema acuapónico?
La acuaponía es la combinación de dos sistemas de producción altamente eficientes:
Piscicultura: Crianza de peces que genera nutrientes orgánicos de forma 100% natural.
Hidroponía: Cultivo de plantas en agua fértil que absorbe y aprovecha los nutrientes esenciales para su crecimiento.
La clave de este ecosistema es que genera un ciclo cerrado donde las bacterias nitrificantes (Nitromonas spp. y Nitrobacter spp.) oxidan el amoniaco generado por los peces y dado que el líquido recircula completamente en el sistema, los compuestos oxidados por las bacterias son aprovechados por las plantas y eliminando estos compuestos tóxicos para los peces para entregar de vuelta agua limpia y oxigenada para los peces.
Este método al ser un sistema cerrado, asegura un 90% de ahorro de agua en el estanque, posicionándose como un sistema de economía circular eficiente en comparación con la agricultura tradicional y a escalas replicables.
Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP): Una comunidad sostenible
El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) es la metodología educativa que mueve este sistema. Integra el trabajo comunitario y moviliza activamente a docentes, directivos, padres de familia y estudiantes. Dirigimos nuestros esfuerzos a que los alumnos sean los verdaderos protagonistas de la historia: aprenden haciendo, mientras desarrollan competencias técnicas y habilidades blandas para la vida.
Este enfoque responde directamente a los lineamientos del Ministerio de Educación Nacional de Colombia, integrando competencias a través de la transversalización del aprendizaje. Así, conectamos múltiples áreas del conocimiento en una experiencia práctica de aprendizaje significativo.
Llevamos más de un año socializando, capacitando y construyendo estas unidades experimentales y de investigación de acuaponía como una nueva forma de aprender en Antioquia. Además de dictar asignaturas tradicionales como biología, matemáticas y humanidades dentro de la unidad experimental, impulsamos la participación comunitaria, creando espacios de tejido social con foco en la sostenibilidad ambiental.
El factor diferencial de nuestro proyecto es el acompañamiento durante todo el proyecto de nuestras cuatro fases propuestas, capacitamos a los estudiantes como a la institución en el sostenimiento técnico y productivo de los sistemas, garantizando que sigan produciendo y educando de manera transversal diversas áreas del conocimiento.
La evolución del proyecto TECH: De la clase al emprendimiento rural
El éxito de la acuaponía en instituciones educativas urbanas y rurales nos ha impulsado a plantearnos nuevos retos. Es por esto que nuestra propuesta evoluciona hacia la Acuaponía 2.0 con una mirada transformadora de un proyecto escolar a un emprendimiento real.
Con este nuevo enfoque, incluimos un acompañamiento clave en una asignatura crucial para el desarrollo de competencias en nuestros estudiantes: el emprendimiento. Temas como la propuesta de valor, las fuentes de ingresos y los canales de comunicación son fundamentales para formar a los futuros líderes del campo colombiano, quienes pueden ver en la acuaponía un modelo de negocio con alto potencial comercial.
El impacto de la educación ambiental en las regiones de Colombia
Llevar tecnología aplicada y conocimiento práctico a las zonas rurales es la clave para asegurar el relevo generacional y el desarrollo del sector agropecuario. Con estas aulas vivas, la Fundación Loyola demuestra que la educación ambiental en Colombia es el motor para estructurar soluciones reales frente a los desafíos del cambio climático y la seguridad alimentaria.
Abejorral es hoy un referente de cómo la unión entre la academia, las instituciones y la comunidad puede transformar la innovación. Los grandes descubrimientos sostenibles del país no tienen que esperar, empiezan hoy en las aulas.
El futuro de la educación está vivo.
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Los educadores suelen compartir un secreto a voces que la experiencia nos demuestra día a día, pero que siempre es valioso sustentar. En la Fundación Loyola lo hemos confirmado con certeza: se puede aprender cualquier asignatura fuera del salón de clases ¡y en una huerta!
Las matemáticas, la biología y las humanidades cobran vida al mismo tiempo que se siembran plantas y árboles.
En nuestra sede del barrio Toscana impulsamos la práctica de la huerta junto a nuestros colaboradores. La siembra de este espacio propio, nos dota de herramientas pedagógicas clave para nuestra labor en las instituciones educativas de Antioquia.
Este esfuerzo, que ya lleva más de un año, no solo ha trasladado la educación fuera del aula, sino que ha estrechado los lazos de las comunidades educativas en diferentes municipios y corregimientos del departamento.
A continuación, te contamos cómo este proyecto está revolucionando la forma en que las metodologías activas se implementan y conviven de manera práctica.
Prácticas que transforman
Los espacios agrícolas en entornos educativos, fortalecen y enriquecen las prácticas pedagógicas más allá del aula. Este tipo de proyectos acercan al estudiante y a la comunidad a transformar el espacio natural en un laboratorio vivo, donde pueden observar y analizar el entorno y fortalecer el tejido social, estrechando relaciones entre la comunidad.
Esta dinámica no solo impulsa a los estudiantes en sus procesos de aprendizaje, sino que transforma positivamente a los docentes, directivos, administrativos y colaboradores de las instituciones.
¿Cómo transversalizamos las áreas del conocimiento en la huerta escolar?
Aprender haciendo proyectos permite que las áreas se potencien de manera sinérgica y sobre todo de manera práctica, haciendo que el aprendizaje cobre significado y sentido.
Los proyectos agrícolas en entornos educativos, son terreno fértil para implementar el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), una de las metodologías activas más eficaces de la innovación educativa actual, que integra de forma orgánica las actividades dentro y fuera del aula.
En la Fundación Loyola, promovemos el trabajo con tres tipos de proyectos: proyectos guiados, en el que se conduce al estudiante por un plan de guías con unas tareas específicas que llevan a un producto final; los proyectos propios, en los que a través de una iniciativa autónoma, se desarrolla una idea con el fin de lograr el alcance; y proyectos tipo reto, que permiten explorar diversas estrategias para solucionar un desafío, poniendo en valor la operatividad de los aprendizajes.
Sinergia institucional: los docentes y directivos acogen esta metodología y la integran al plan de estudios establecido por el Ministerio de Educación Nacional.
Transversalidad curricular: la huerta escolar se articula directamente con las competencias de cada asignatura p. ej. en matemáticas se abordan los conteo, áreas, fracciones, medidas, estadística; en biología se trabajan los ecosistemas, los ciclos de vida, la fisiología y el clima y para las humanidades se profundiza en la comprensión lectora, la redacción de bitácoras y la expresión oral.
Educación integral: más que transmitir conocimientos académicos; sembramos la semilla de la conciencia ambiental y promovemos una sólida formación ecológica.
Compromiso con el SER y la Agenda 2030
Este enfoque ecológico responde directamente a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, un plan de acción global para erradicar la pobreza y proteger el planeta.
Estamos convencidos de que para lograr una verdadera acción por el clima y proteger los ecosistemas terrestres, debemos empezar por formar a la comunidad educativa en los procesos ambientales y en el valor de la siembra como un acto fundamental de vida comunitaria.
En la Fundación Loyola entendemos la educación como una formación para el SER. Por eso, nuestros proyectos tienen un profundo sentido humano: cada integrante de la Fundación es consciente del impacto de su labor y está plenamente entregado a ella.
Nuestra huerta en la sede Toscana nos conecta con la tierra y nos compromete con el cuidado de nuestro entorno, transformándolo en un espacio más verde y activo.
¿Conoces alguna iniciativa similar en tu región o tienes ideas para enriquecer nuestra huerta escolar? ¡Nos encantaría leerte! Déjanos tu comentario en nuestras redes sociales y construyamos juntos más aulas vivas.