Author archives: Ivan M

Huerta en la sede Toscana: Un aula viva

Los educadores suelen compartir un secreto a voces que la experiencia nos demuestra día a día, pero que siempre es valioso sustentar. En la Fundación Loyola lo hemos confirmado con certeza: se puede aprender cualquier asignatura fuera del salón de clases ¡y en una huerta!

Las matemáticas, la biología y las humanidades cobran vida al mismo tiempo que se siembran plantas y árboles.

En nuestra sede del barrio Toscana impulsamos la práctica de la huerta junto a nuestros colaboradores. La siembra de este espacio propio, nos dota de herramientas pedagógicas clave para nuestra labor en las instituciones educativas de Antioquia.

Este esfuerzo, que ya lleva más de un año, no solo ha trasladado la educación fuera del aula, sino que ha estrechado los lazos de las comunidades educativas en diferentes municipios y corregimientos del departamento.

A continuación, te contamos cómo este proyecto está revolucionando la forma en que las metodologías activas se implementan y conviven de manera práctica.

Prácticas que transforman 

Los espacios agrícolas en entornos educativos, fortalecen y enriquecen las prácticas pedagógicas más allá del aula. Este tipo de proyectos acercan al estudiante y a la comunidad a transformar el espacio natural en un laboratorio vivo, donde pueden observar y analizar el entorno y fortalecer el tejido social, estrechando relaciones entre la comunidad.

Esta dinámica no solo impulsa a los estudiantes en sus procesos de aprendizaje, sino que transforma positivamente a los docentes, directivos, administrativos y colaboradores de las instituciones.

¿Cómo transversalizamos las áreas del conocimiento en la huerta escolar?

Aprender haciendo proyectos permite que las áreas se potencien de manera sinérgica y sobre todo de manera práctica, haciendo que el aprendizaje cobre significado y sentido.

Los proyectos agrícolas en entornos educativos, son terreno fértil para implementar el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), una de las metodologías activas más eficaces de la innovación educativa actual, que integra de forma orgánica las actividades dentro y fuera del aula.

En la Fundación Loyola, promovemos el trabajo con tres tipos de proyectos: proyectos guiados, en el que se conduce al estudiante por un plan de guías con unas tareas específicas que llevan a un producto final; los proyectos propios, en los que a través de una iniciativa autónoma, se desarrolla una idea con el fin de lograr el alcance; y proyectos tipo reto, que permiten explorar diversas estrategias para solucionar un desafío, poniendo en valor la operatividad de los aprendizajes. 

Estudiantes y docentes de Antioquia realizando actividades de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) en la huerta escolar
  • Sinergia institucional: los docentes y directivos acogen esta metodología y la integran al plan de estudios establecido por el Ministerio de Educación Nacional.

  • Transversalidad curricular: la huerta escolar se articula directamente con las competencias de cada asignatura p. ej. en matemáticas se abordan los conteo, áreas, fracciones, medidas, estadística; en biología se trabajan los ecosistemas, los ciclos de vida, la fisiología y el clima y para las humanidades se profundiza en la comprensión lectora, la redacción de bitácoras y la expresión oral.

  • Educación integral: más que transmitir conocimientos académicos; sembramos la semilla de la conciencia ambiental y promovemos una sólida formación ecológica.

Compromiso con el SER y la Agenda 2030

Este enfoque ecológico responde directamente a la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, un plan de acción global para erradicar la pobreza y proteger el planeta.

Estamos convencidos de que para lograr una verdadera acción por el clima y proteger los ecosistemas terrestres, debemos empezar por formar a la comunidad educativa en los procesos ambientales y en el valor de la siembra como un acto fundamental de vida comunitaria.

En la Fundación Loyola entendemos la educación como una formación para el SER. Por eso, nuestros proyectos tienen un profundo sentido humano: cada integrante de la Fundación es consciente del impacto de su labor y está plenamente entregado a ella.

Nuestra huerta en la sede Toscana nos conecta con la tierra y nos compromete con el cuidado de nuestro entorno, transformándolo en un espacio más verde y activo.

¿Conoces alguna iniciativa similar en tu región o tienes ideas para enriquecer nuestra huerta escolar? ¡Nos encantaría leerte! Déjanos tu comentario en nuestras redes sociales y construyamos juntos más aulas vivas.